Hace algunos años en la piscina de un hotelito de Aix-en-Provence escuché a un hombre decirle a su hija de unos doce años:
Estamos valorando la posibilidad de incluirlos en el contrato.
Lo primero que pensé es que el hombre llevaba puesto auriculares inalámbricos y hablaba por teléfono con, probablemente otro hombre que se encontraba al otro lado
del Atlá…



