Conversaciones que hay que evitar
A lo largo de la historia, las conversaciones han ido evolucionando al mismo ritmo que lo hacían los seres humanos. Sin embargo, tengo la sensación de que me paso la vida diciendo cosas que no quiero decir y evitando conversaciones que me gustaría tener. Por ejemplo: a veces leo, escucho o sencillamente quiero decir algo respecto a un político, que es guapo, por ejemplo, pero la vida me ha enseñado que hay que evitar hablar de política. Pero también hay que ser cuidadosos a la hora de hablar de luz roja, ondas wifi, acupuntura y si conviene o no tomar wasabi. Te sorprendería la cantidad de gente que es aficionada a la comida picante. Tampoco conviene hablar ni a favor ni en contra de comer carne.
Los gatos merecen una mención aparte. Los dueños de gatos, igual que sus animales, no están domesticados del todo y no entienden que a nosotros se nos caiga la baba con un perro.
Los perros son tontos.
Los perros han sido domesticados para dar pena a sus dueños.
Bla, bla, bla.
Todo verdad, seguramente.
Tampoco hay que hablar de religión ni de porqué no conviene usar demasiada laca. A la gente le encantan los gatos y la laca. Y hay que tener cuidado a la hora de mencionar que te gusta tomar el sol. Hoy en día, la gente duerme con el router al lado de la almohada pero tienen miedo de que un rayo de sol les roce la parte del cuello sin crema solar. Y cuidado con mencionar la posibilidad de llevar Havaianas en Madrid. Las chanclas son para la arena. Tampoco conviene nombrar al Papa. El Papa, igual que los políticos, levanta odios y pasiones a partes iguales. Algo parecido a lo que le ocurre a Bad Bunny.
Vivimos tiempos difíciles. Pero espero que, con las conversaciones ocurra como con la laca. Ya hace tiempo que se dice que inhalar los hidrocarburos que contienen puede ser cancerígeno pero, si una quiere estar guapa y que el peinado le aguante toda la noche, siempre existen soluciones. Una de ellas consiste en colocar una mano delante de la nariz. No es una solución milagrosa, pero nos evita tener que enfrentarnos al problema. Vivimos tiempos en los que respirar es tan difícil como hablar.
En la vida, no todo son ceros y unos pero para alguien que disfruta conversando, resulta difícil aguantarse las ganas de decir lo que quiere decir. No me gusta vivir con miedo a que un animal salvaje, ofendido por mis comentarios, me salte encima. Dicho esto, creo que voy a comprar un bote de laca.
Tamara Tossi ©



